Mi Tío, una película con sorpresa

17-3-06.
José Jesús Aranda González.
Mis queridos contertulios. Os voy a hablar de una película. De esta película, cuando la he referido en mí círculo de amistades, me han perdonado el que no la encontraran tan graciosa como yo les había contado (suele ocurrir). Creo que puede entenderse mejor, si os cuento las circunstancias en que yo la vi.
Era en la época en la que yo acababa de terminar mis estudios en la Safa. Mi vida discurría en Madrid, con un bolsillo muy «pelao». Vivía en una mala pensión y buscándome las habichuelas como podía. Como podéis observar, no solo Tanguy, sino muchos de los salidos de la Safa hemos tenido situaciones parecidas.
Una tarde de domingo me encontraba con mi hermana y me invitó a ir al cine. Íbamos a losAlphaville. Eran unos cines pequeños, dedicados a poner películas de Arte y Ensayo, a los que acudían los amantes del séptimo arte. Yo iba a ver una película más. Me serviría para pasar la tarde del domingo, sin mayores pretensiones que la de echar la tarde fuera. Estaba en la sala del cine, sin saber lo que iba a ver: quizás la película en ese momento era lo que menos me importaba.
Empieza la película: está subtitulada -ya que es francesa-, porque la dan en versión original. Empiezan a salir los títulos de crédito y es cuando me entero de que la película que voy a ver se titula Mon oncle (Mi tío). La película me engancha desde el primer fotograma. Me gustan los escenarios en los que discurrían los acontecimientos, sobre todo el escenario en el que vivíaMister Hulot, para mí, un derroche de fantasía.
Me veía reflejado en el personaje de Mister Hulot. Él, como yo, buscaba trabajo. Él, como yo, venía de un pueblo para incorporarse a una ciudad moderna, llena de coches y de adelantos, que nos dejaban perplejos. No pasaron muchos fotogramas, cuando me dio un auténtico ataque de risa. No sabía muy bien si me reía de Mister Hulot o me reía de mí, viendo reflejada mi vida en la de Mister Hulot.
Creo que contagié de risa a la pequeña sala de cine. Mi hermana me daba codazos para que me contuviera. No podía: era superior a lo que yo podía controlar. Se me caían unos lagrimones que me impedían ver la pantalla. Tenía que hacer verdaderos esfuerzos para no caerme del asiento. Me adelantaba al argumento: Jacques Tati -que así se llama el director- leía mis pensamientos. La película nos presenta dos mundos antagónicos. Un mundo: el de la sencillez, el de la anarquía, el de la charla fácil, el del señor en pijama que con la gorra calada hasta las orejas saca a pasear al perro, dejándose llevar. El otro mundo, más ordenado, en donde existe una jerarquía: la del Sr. Presidente, la del Sr. Director, el jefe «pelota», la vecina cursi y el perrito con mantita a cuadros.
Entre estos dos mundos tiene que sobrevivir Mister Hulot. Mister Hulot es un hombre sencillo que no se adapta a los tiempos modernos; y en el trabajo que le consigue su cuñado es un autentico desastre. Mister Hulot, en los ratos libres, se dedica a llevar a su sobrino al colegio. El tío y el sobrino congenian. El tío intenta arreglar los desaguisados del sobrino, consiguiendo solamente empeorarlos.
Jacques Tati pretende con su película hacernos reflexionar sobre el mundo que estamos dejando y el que nos están fabricando. A pesar de los años que han pasado, es una película muy actual. Los hombres seguimos tropezando siempre en la misma piedra. Tati es capaz de sacarle partido a la posición del rabo de un perro: este suele estar para arriba, cuando está contento; o entre las patas, cuando está asustado… No os cuento más.
Solo comentaros que, hace dos años, me puse a buscar la película en internet y me llevé una sorpresa al saber que, en 1957, le habían dado un Oscar por la mejor película extranjera y que está considerada por los cinéfilos como una de las cien mejores películas del siglo pasado.
La tengo en DVD a vuestra disposición. El que quiera verla que se lo diga a José María. Él controlará y, en una semana, hará la lista de socios que quieran verla. Esa lista se incluirá con la película y, a medida que cada uno la reciba y la vea -y después de tacharse-, se la enviará por correo certificado al siguiente.
Puede ser una experiencia interesante.
Un saludo. Pp Aranda.

Mi MAESTRO

 A Pablo Utrera Cardeñas, de su alumno de Arroyoverde.

 


Se ve que me voy haciendo mayor. El otro día estaba viendo la película Los chicos del coro, y empezaron a humedecérseme los ojos. Me venía de golpe un montón de recuerdos, acordándome de mi querida SAFA.
Recuerdo el primer día que entré en la Safa, entraba por la puerta principal con un gran maletón ‑eso me parecía a mí‑, y la gran incertidumbre que genera todo lo nuevo.
Me encontré con un paisano que estaba terminando magisterio y se brindó gentilmente, acompañando a mis padres y a mí hasta los dormitorios de la escuela. Llegamos a una gran sala en donde se alineaban las camas de forma matemática. Mi paisano, mientras me ayudaba a hacer la cama, me dio algunos consejos que mantuve durante todo el tiempo que duró mi internado.

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El maestro de Arroyoverde

Por: Pablo Utrera Cardeñas
“A Pepe Aranda, por la devoción que tiene a sus educadores”.

Don Fabián ya era viejo y jubilado, pero su juventud se mantenía aún en la mirada. Había vivido durante muchos años entre la gente menuda de un pueblecito dormido sobre los primeros repechones de la sierra, alisado en sus arrabales por las choperas del arroyo que le daba su nombre. Don Fabián era el maestro, el único maestro que había tenido Arroyoverde. Había llegado un día de otoño con la maleta llena de libros y primaveras. Nadie había salido a recibirle. No supo encontrar la escuela, tampoco la iglesia. Solamente los brincos de unos niños y la sonrisa de Teresilla dieron testimonio de vida, en aquel lugar de olvido, al maestro que llegaba.

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