Vicisitudes de la vejez, 28

El otro día, una de mis hijas, celebró, por todo lo alto, sus bodas de oro (50 años de casados), aunque lo hiciese simplemente con sus hijos, nietos y consortes. Fue una celebración sencilla con comida y actividades lúdicas que disfrutaron todos los asistentes y a cuyo término, como mejor regalo de la efeméride, una de sus hijas recitó esta condensada frase que nunca olvidaré por su amor y enjundia:
“De niña aspiraba a ser fuerte y paciente como mis padres; mas hoy me gustaría ser capaz de dar tanto amor como recibí y ser para mi marido, tan buena esposa como mis padres lo han sido el uno para el otro”.

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Botellón

Estoy veraneando en Torre del Mar y observo -con pena y desazón- cómo sigue en pie el botellón que tan mal se inventó décadas atrás y que prende -como fuego estival continuado y con mucha fuerza- entre las nuevas generaciones de adolescentes, aquí y en otras muchas ciudades y pueblos de nuestra querida España, sin que nada ni nadie pare esta ignominia o desacierto.

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Durmiendo con ángeles

Llegó el nuevo verano y volvió a tocarme la lotería: veranear con mis dos encantadores nietos en esta acogedora tierra malagueña de Torre del Mar. Además de compartir tiempo de ocio y descanso, mar y playa, paseos pedestres o con cacharritos (bicicletas y/o coches eléctricos infantiles…), por su magnífico e interminable paseo marítimo e, incluso, por el sendero litoral; cuando llega la noche, ellos quieren dormir con el ío (que soy yo, su abuelo materno).

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Anécdota en el taller de Ajuste con don Manuel Coto.


  1. Delgado Real, José de Jesús
  2. Ruzafa Vilches, Juan Ramón
  3. García Soto, Juan

Supongo que como todos los compañeros, nuestras mejores horas lectivas eran las de taller y de esto se trata mi siguiente anécdota.

Pasaron los cursos y don Manuel nos enseñaba con todo esmero y misterio la taza llena de pequeñísimas, casi polvo, briznas de oro procedentes de sus frecuentes trabajos de grabado de anillos y otras joyas; aquello pesaba bastante más de lo que pueda parecer una taza llena de cualquier cosa. La boca se nos quedaba descolgada como la puerta de un huerto mirando aquello.
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In memoriam

Conforme vamos siendo mayores más nos impacta y duele a familiares o amigos cuando algún personaje conocido o cercano fallece y se nos va a otra dimensión, dejándonos en herencia todas las buenas obras y acciones de su larga e intensa vida, para que siempre las tengamos en cuenta en nuestra memoria individual y colectiva, como valiosas preseas que testifican su paso por nuestro agitado mundo contribuyendo siempre a mejorarlo en la medida de lo posible…

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Vicisitudes de la vejez, 27

Amable lector que me soportas y/o me lees con desgana o fruición (qué más da), ahora que me encuentro en la “edad de oro”, como suelen llamar eufemísticamente a la edad por la que transito (la década de los noventa, nada menos: vamos, una anciana con muchos años y experiencia encima); pero a la que yo bautizaría “edad de hojalata”, pues realmente no solo el cuerpo sino la mente y los recuerdos se me van haciendo dúctiles, maleables (pero en el sentido literal de ambas palabras) e incluso farragosos, cual electrodoméstico obsoleto que tiene su fecha de caducidad desde que lo fabricaron sus inventores o creadores.

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PEDRO SÁNCHEZ CABEZA:
UN HOMBRE BUENO

Cuando me refiero a una buena persona, varón, suelo acudir a mi poeta favorito, Antonio Machado, para remarcar que se trata de un hombre bueno, en el sentido machadiano del término. Y esta expresión se hace especialmente pertinente en Pedro Sánchez Cabeza.
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UN HOMBRE BUENO»

¡Hasta siempre, Kindermundi!

Me da mucha pena estar agotando los últimos días de mi único curso de guardería (septiembre 2021-julio 2022), en ese maravilloso lugar de la calle Parras de Sevilla, en la que se encuentra ubicada Kindermundi; pues esta etapa ha sido trepidante y maravillosa (quizás como otras que se me presentarán en la vida) y que ya nunca volveré a vivir; aunque me quedará siempre su poso simpático, agradable y melancólico, que podré degustar toda la vida que Dios me dé, gracias a la memoria prestada de mis padres, hermano y abuelitos (íos), pues con dos años y nueve meses que tengo no podré recordar todos estos momentos como a mí me gustaría…

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