Alegría y tristeza

Necesito dar las gracias más sinceras de parte de todos mis compañeros, entre los que me incluyo, a José María Berzosa. Los momentos que hemos pasado gracias a la Asociación y a su presidente no se podrían valorar en el terreno material. Somos conscientes de que la preparación de un evento de estas características conlleva mucha incertidumbre. Somos personas y algunas son impredecibles.
Asistí a la conferencia del doctor Antonio Almagro con verdadero interés. Al final de la charla nos hacía una pregunta para la reflexión. Nos preguntaba: EL MAESTRO SAFA ¿MITO O REALIDAD?

La perspectiva que me dan los años y conociendo alguno de sus MAESTROS, puedo asegurar que las realidades que tenemos hoy nos garantizan los mitos de mañana.
No voy a dar nombres para evitar omisiones. Lo dije la primera vez que me decidí a felicitaros por la página web. Disfruté y sigo disfrutando con vuestros escritos. Vislumbro a muchos mitos entre estos artículos y cada vez que abro la página me predispongo para aprender.
Por ejemplo: don Jesús María Burgos me ha fomentado la escritura y la colección de palabras. Nunca se me había ocurrido coleccionar palabras. Es una idea estupenda ya que solo necesitas leer y anotar. ¡Y… no sale caro!
La asamblea siguió con la presentación del libro Así escriben…
De nuevo tengo que volver a dar las gracias, esta vez a Pablo Utrera y a José Antonio Arcos, padres de la “criatura”. Pablo… te has pasado tres pueblos al incluirme. De verdad que te lo agradezco, nunca podría imaginar que iba a estar en un libro al lado de mis MITOS. ¡Es “demasiao”…!

Foto de Pepe Aranda.
Salimos a la explanada para hacernos la “Foto Universal”. Allí estuvimos TODOS los que quisimos y pudimos estar, ni más ni menos. Mi amigo Antonio Pedrajas no volverá a preguntarse por qué la SAGRADA FAMILIA no tiene una foto de familia.
Después de una suntuosa comida con su vinillo incluido, los safistas se desbordaron de alegría y se empezaron hacer las fotos de grupo. Fueron momentos que nos alimentaron el cajón de nuestros recuerdos. Recuerdos que serán inolvidables.
Pasamos a bajar la comida dándonos un paseo por Úbeda. Otra vez al “tontódromo”, algunos les ponen otro apelativo que termina con «…al final leche», ¿captáis…? Pasamos por la plaza de Andalucía, antes se llamaba de otra manera. Casi lloran mis amigos, pero no precisamente de alegría, de pena también se llora. ¡Qué ascensor tan bonito…! No digo más.
Enfilamos la calle Real buscando las pastelerías que antaño nos martirizaban con sus escaparates. Teníamos que haber dejado un hueco en el estómago para haber podido deleitarnos con alguno de esos pasteles. Lo que son las cosas, antes no podíamos comer pasteles por falta de “parné” y ahora por falta de ganas. ¡Qué ingrata es la vida!
Bajando el Real, las mujeres, que se enrollan como persianas con todo el mundo, esta vez entablaron conversación con Natalio Rivas Sabater, a la sazón dueño del palacio Vela de los Cobos. La sintonía fue perfecta. Mi amigo Tomás, que es un entusiasta de la historia, estuvo al borde del orgasmo. No se podía creer que le pudieran dejar tocar un libro de normativas de Úbeda del año 15xx. ¡Casi quinientos años tiene el libro!
Don Natalio estaba feliz y nosotros también. Lo que más le preocupó a Tomás fue que no existiera ni un solo extintor y que aquella riqueza cultural se pudiera ir al traste. Creo que puede ser una buena sugerencia para los responsables de cultura de Úbeda.
Nos fuimos a cenar de pinchos a un local que nos recomendó nuestro entrañable amigo Cartas. Cartas, acertaste de lleno. Por allí desfilaron muchos de los comensales del mediodía. Aprovechamos para “cargar las pilas del alma” tan necesarias en estos días. Terminamos agotados a la una del día 22. Recuerdo que algunos estaban de pie desde las cinco de la mañana.
***
Terminando de escribir, me entero de que Dionisio nos ha dejado. No soy una persona que me guste dar consejos y no los voy a dar. Lo que sí quiero decirle a Dionisio es que esta página web seguirá adelante, pero no será la misma.
Dionisio, me consta que la gente te aprecia y te quiere.
Yo, de vuestros rifirrafes, estaba aprendiendo que cuando las personas se estiman y respetan se pueden permitir el “lujo” de decirse lo que piensan. Pero también creo que, si yo tuviera que decir algunas “cosas”, las diría por teléfono.
Por favor Dionisio, no nos dejes.
Firmado: “Un comanche apenado”.

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