¿Hay vida después de la jubilación?

Todos hemos escuchado, más de una vez, aquello de: «Se jubiló y, como no sabía nada más que trabajar, le entró una depresión». Es muy probable que más de uno, después de la jubilación, piense que ahora su único futuro es esperar una “muerte digna” y… eso, además de acojonar, deprime.

Sí… no os riáis, porque es más serio de lo que parece.
Ayer estuve en mi pueblo y me encontré con mi vecino, Juan Miguel, de 87 años. Él se presenta como “Ojito”, que es el sobrenombre por el que se le conoce en el pueblo. “Ojito”, hombre inteligente, tuvo su particular depresión. Me contó que el médico le había aconsejado que buscara cualquier trabajo-distracción que le mantuviera la mente ocupada.
“Ojito” se hizo la siguiente reflexión: «¿Qué puede hacer un hombre, que ha estado toda su vida trabajando en el campo, para distraerse?». ¡CAPACHOS! ¡SERONES! ¡BOZALES! Estas cosas las aprendió nuestro amigo cuando, siendo niño, el tiempo no acompañaba para trabajar en el campo. Pero… había otro problema: ¿qué hacer con todos estos capachos, serones, bozales…? ¡Se le llenaría la casa! Así fue como llegó a la conclusión de miniaturizar sus trabajos.
Obras de arte en miniatura es lo que hace nuestro amigo. La depresión se le ha ido cuando ha comprobado que ¡hay vida después de la jubilación! Muchos son los premios que ha recibido y los que le quedan por recibir. Increíble es cómo realiza las “taravitas” en miniatura. Me ha confesado que son muchas las que se le rompen, antes de dar con la definitiva. Y es que, esas “taravitas” minúsculas tienen un rebaje para que la pita pueda agarrarse y que no resbale.
“Ojito”, como no ha estudiado marketing, vende sus miniaturas a un precio simbólico. Las lleva en su mano, a modo de llavero, por lo que resulta bastante difícil intuir al posible comprador que están en venta. Es, después de un buen rato charlando con él y de habernos interesado por su “llavero”, cuando te dice que las lleva ahí para venderlas. Entonces, sorprendido, vas y le compras un capacho.
¿Asombrados? Pues más asombrados vais a estar cuando os diga que nuestro amigo “Ojito”, a sus 87 años, haciendo honor a su sobrenombre, realiza sus miniaturas ¡SIN GAFAS!
Nota: Las “taravitas” eran unos ojales de madera que se hacían para cerrar el capacho.

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