LOS NIÑOS DE LA SAFA, EN EL SIGUIENTE SIGLO




ESTE  ESCRITO CONFECCIONADO  POR 
NUESTRO COMPAÑERO MIGUEL LIGERO, PARA LA REUNIÓN DEL DÉCIMO CUARTO  ENCUENTRO DE PORTA CELI – FUNDACIÓN  PADRE ARRUPE, (Fecha 10-12-2013)
LOS NIÑOS DE LA SAFA, EN EL SIGUIENTE
SIGLO
Aunque la edad media de los niños de la
SAFA supera los 70 años, hemos conseguido algo que no está al alcance de todo
el mundo, como ha sido promover un grupo que se viene reuniendo desde hace ya
tres años, con una media que supera la veintena de miembros.

¿Qué nos une para no perdernos una reunión,
de las cuatro que se convocan al año? 
Seguramente cada uno tiene su motivo, pero lo que se trasluce en cada
reunión es que la gente muestra afecto, no solo nostalgia, que hay alguna, pero
lo que verdaderamente nos une es el afecto que hemos sabido guardar en nuestras
almas, o que simplemente se grabó en nosotros hace ya muchos años y que ha sido
activado al toque de convocatoria, que nuestro amigo Manolo Portal realiza cada
vez, bajo la atenta mirada de Gabriel, y, desde luego el interés de cada uno de
nosotros.

Mi mujer, que no me puede acompañar, como
a muchos de mis compañeros, cuando le digo que voy a reunirme con mis
compañeros, los niños de la SAFA, contrariamente a lo habitual, me anima a
venir e, incluso me dice que me quede a comer con mis compañeros, para ella
misma no es una reunión más de las que tengo, ella sabe, sin entenderlo
muy  bien la profundidad de la relación
entre todos nosotros.
            
        A
pesar de no haber dado con el modelo definitivo de nuestra organización, porque
hay una cierta disparidad de criterios, unos proponen hablar de los problemas
de nuestro tiempo desde nuestra perspectiva de alumnos de la SAFA y a la luz de
nuestra formación, ya no diríamos religiosa, sino su devenir en humanística,
otros proponen simplemente que con vernos y charlar y divertirnos es
suficiente. Hay quien no elude la política, pero se ve que es un tema delicado
que suscita desencuentros, tal como sucede en la vida ordinaria. No invito a
tocar el tema, pero tampoco hemos de temer tocarlo, al fin y al cabo es algo de
la vida ordinaria, si queremos hablar, hablemos como ciudadanos y no como
políticos, que no lo somos, al menos aquí.

            Entonces,
qué estructura podríamos dar a nuestra pequeña, pero ya vigorosa organización
colegial, a nuestra edad, de acuerdo con nuestros intereses y nuestras ganas de
compartir un buen rato de excelente compañía, porque aquí, en esta reunión, nos
sentimos en casa, y mágicamente nos vemos con nuestros 13, 14 o 17 años, con
toda la vida por delante, y nuestros ojos lo delatan, no digamos cuando alguien
se arranca por alguna canción de aquellas que aprendimos en el colegio.

            Sobre
este asunto, cómo organizarnos, debemos seguir discutiendo, sin prisa, tenemos
mucho tiempo por delante, pero sin pausa, pues no somos eternos, porque tenemos
un pequeño tesoro en nuestras manos cual es el de pasar unos ratos
periódicamente llenos de vida y de experiencias, de compartir el presente pero
también el pasado, de traer a nuestro hoy lo que aprendimos y lo que hemos
incorporado a nuestro acervo espiritual y social.

            No
somos muy distintos, pues tenemos la misma madre, permítaseme la licencia para
así denominar a nuestro colegio, pero sí expresamos nuestros sentimientos y
nuestras ideas de forma diversa. Únicamente hemos de encontrar la forma de acomodar
nuestras expresiones, de escucharnos con ese cariño que nos tenemos y ser
permisivos con los compañeros, pues tampoco debemos dejar que se instalen
frustraciones en aquellos de nosotros que necesiten expresar su ideas, de la
forma que tengan por conveniente. Esta es una asamblea tolerante, como
corresponde a nuestra edad y a nuestra formación humanística, que yo, sin
pudor, llamaría cristiana en el profundo sentido que le dio aquel aprendiz de
carpintero de Nazaret.

            Vivimos
una época de profunda crisis, que estamos sintiendo especialmente grave por
nuestros hijos, por la mayoría de jóvenes que no encuentran un trabajo que les
permita acometer con independencia la construcción de su futuro y de su posible
nueva familia. Nosotros ya vivimos ese reto, desde una perspectiva distinta,
pero igualmente responsable y con más ilusión que temor, cuando vemos que
ahora, entre nuestros jóvenes hay más temor que ilusión.

            Por
eso, hay entre nosotros quien defiende que digamos algo en este tema tan
crucial.

            La
crisis no solo afecta a los jóvenes, afecta al sistema de valores que creíamos
era firme, pero que se ha demostrado débil, a la luz del desmoronamiento que se
ha producido, en todos los órdenes de nuestra vida, las viejas estructuras se
resienten gravemente y surgen nuevas formas de salvadores, que tanto
entusiasman a unos como repelen a otros.

            Y
aquí estamos nosotros, no somos políticos, ni ganas de serlo, pero, por encima
de la visión política, tenemos la nuestra, que no lo es, pero no deja de ser,
en su caso, una opinión, y muy consistente, por cierto.

Nada nuevo y sólido se construye sin unos
cimientos firmes y duraderos. Nosotros no somos el futuro, pero sí tenemos algo
de buenos cimientos y, por qué no, algo podríamos hacer al respecto, con
tranquilidad, sin ningún interés personal ni corporativo, por pura generosidad.

En este momento no puedo dejar de
recordar a nuestro querido Juan Galán, ¡cómo nos ayudaría en estos momentos!
Con si fuerza vital, con su generosidad, con su sonrisa, con su amistad. Juan, te
echamos de menos.

          Como dice el
Eclesiastés, no hay nada nuevo bajo el sol. Pero muchas veces me pregunto, pero
es que el sol ¿es el mismo siempre? Sin duda no lo es, pero lo parece, tampoco
nosotros somos los mismos, aunque lo parezcamos, y como el sol, hemos perdido
mucha energía por el camino, pero nos queda la sabiduría, la experiencia,
entreguémosla a los demás, en un gesto de generosidad

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