DIÁLOGO POÉTICO CON LA PINTURA: EL MATRIMONIO ARNOLFINI

INTRODUCCIÓN

 

Hace ya unos cuantos años publiqué en la web de los Antiguos Alumnos de la SAFA una serie de artículos referidos a cuadro importantes de pintura universal y de España. José María Berzosa, presidente entonces de la Asociación, me animó y estimuló mostrándome siempre el reconocimiento a mis escritos sobre Arte. Más tarde, el presidente del Ateneo de Málaga, Diego Rodríguez Vargas, me ofreció generosamente la web de la Institución malagueña para que publicara allí también mis artículos. A ambos les agradecí y agradezco ahora la oportunidad que me dieron para seguir estudiando y profundizando en la materia. Ser aún profesor-tutor de la UNED de Cartagena me facilitó la tarea. Ahora apelo a mi colega y Presidente de la Asociación José Luis Rodríguez a que me dé el placet para compartir con todos vosotros lo que ha sido mi ocupación durante casi dos años.

Pues bien, esa incursión por escrito en el mundo de la pintura dio lugar algo más tarde a la publicación de un libro que se tituló “Mis pinturas favoritas”, con un subtítulo: “Historia y Arte en la Pintura” (De Van Eyck a Goya), con un magnífico prólogo o preámbulo escrito por Antonio Lara Pozuelo, mi antiguo compañero, amigo, hermano, como he escrito en algún poema. Si no recuerdo mal, ese libro, publicado en la Editorial “Círculo Rojo”, debe estar en la biblioteca de la Escuela Universitaria de Magisterio de la SAFA.

Con la irrupción de la pandemia, la enfermedad crónica de mi mujer, y la agudización de mi insuficiencia renal, que ha provocado mi ingreso en el Centro de Diálisis de Cartagena, desde hace ya 28 meses, me he visto obligado a buscar un refugio que me ayudase a liberar mi tensión mental y, por otra parte, satisficiera mis apetencias intelectuales. Y empecé a escribir poemas de manera casi compulsiva. Largos romances, octavas reales, cuartetos, cuartetas, décimas, sonetos…Pero pronto consideré que el libro sobre Arte antes mencionado pudiera servirme de guía para adentrarme en el mundo de la poesía, y así nació, sin prisa pero sin pausa, lo que podría llamarse “Diálogo poético con la pintura”. Y empecé a escribir sonetos a cada cuadro. En una primera fase me conformé con los que habían formado parte de mi libro sobre Arte, casi treinta, que edité en una imprenta cercana de Cartagena, pero más tarde amplié el periodo de estudio y composición hasta Picasso. Ahora he llevado el manuscrito (llamémosle así) a la misma imprenta artesana de quien se ha convertido en mi amigo. Espero que, en breve, pueda editarme unos cuantos ejemplares para mi familia y mis amigos más próximos.

Así pues, el periodo tratado en esta ocasión abarca unos quinientos años, desde Van Eyck a Pablo R. Picasso. Los estilos se van sucediendo: Prerrenacimiento, Renacimiento, Manierismo, Barroco, Rococó, Neoclasicismo, Romanticismo, Realismo, Impresionismo, Expresionismo, Cubismo

Las dificultades vienen ahora. Había escrito muy pocos sonetos y no estaba avezado en esta composición, que es la reina de las composiciones poéticas. Pero yo no soy poeta. Soy un profesor de Historia que escribe versos, enhebra rimas y respeta escrupulosamente la métrica adecuada en endecasílabos. Mi objetivo primordial, pero no único, es condensar en 14 versos, o alguno más en ocasiones, las características fundamentales y básicas del cuadro y, si es posible, del autor de la obra artística. Tiene, pues, un decidido e innegociable carácter didáctico, al que habremos de añadir un lenguaje poético en la medida que el cuadro lo requiera y lo demande. Hay cuadros que se prestan, más que otros, al empleo de una terminología poética. Valga un ejemplo: es más fácil hacer poesía a un cuadro impresionista o manierista, que a uno realista o cubista.

Lograr un ensamblaje entre la descripción del cuadro y la vena poética es poco menos que alcanzar la cuadratura del círculo. La aridez y concisión de la didáctica no casan demasiado bien con los efluvios vaporosos de la poesía. He leído sonetos u otras composiciones de poetas eminentes cuya descripción del cuadro o de algún aspecto del mismo es puramente lírica, soslayando lo fundamental de ese cuadro: el estilo, el color, la técnica, la luz, la composición, el contexto espacio-temporal, el encuadre y/o relieve del pintor…Yo, sin embargo, procedo de manera diferente, casi antagónica; primero la descripción del cuadro, con los elementos citados, y luego, o al mismo tiempo, con la aportación poética más exquisita de la que sea capaz, teniendo en cuenta que mi formación académica y docente ha estado más vinculada a la Historia, Filosofía, Geografía y Arte (sobre todo, pintura).

Me he encontrado con otro escollo importante, que es el de las rimas. Al tener como objeto del poema un tema que se repite en lo básico (ya conocéis los elementos), las rimas indefectiblemente se repiten y, aunque he intentado superar ese problema, no es fácil utilizar una variedad infinita de rimas. Por eso me he permitido, como muchos poetas (Manuel Machado, entre ellos), rimar aparte el primer y segundo cuarteto, y en algunas ocasiones rimar un singular con la misma rima en plural. Son licencias pequeñas, o no tan pequeñas, sin las cuales las dificultades hubiesen sido mayores y tanto la descripción del cuadro, como el propio poema, se hubieran resentido.

No busco tanto la conmiseración de los entendidos (que son muchos) como la comprensión de las dificultades con las que se enfrenta un profesor de Historia para hacer poesía, describiendo académica y didácticamente una obra maestra del arte pictórico. He tenido demasiada osadía, pero estoy razonablemente satisfecho, si se me permite decirlo.

Los sonetos que escribí en la primera fase (algunos retocados o corregidos) son más rudimentarios que los últimos, con los que he ganado oficio y, parece o eso creo, que también una mayor calidad poética.

Sea como fuere, ahí tenéis varias decenas de sonetos, que, dicho con toda humildad, espero que os gusten.

Estos poemas han sido escritos a lo largo de los años 20 y 21 (de este siglo, naturalmente, no vayáis a pensar otra cosa).

Y, finalmente, me gustaría –es un desiderátum-, que los jóvenes estudiantes de Magisterio de mi querido Colegio tuvieran acceso a estos poemas y a estas obras maestras. Y, desde luego, a mis compañeros de Magisterio y de Profesionales, con todo el cariño de un antiguo y viejo alumno de esa Institución, que me abrió los caminos que, sin ella, hubiera sido imposible recorrer. Es, por eso también, un pequeño homenaje a la SAFA de Úbeda, mi Colegio por y para siempre.

 

Juan Antonio Fernández Arévalo

Cartagena, noviembre de 2021.

 

EL MATRIMONIO ARNOLFINI

(Jan Van Eyck)

(A mi hija Gloria)

(Johannes Eyck fuit hic, 1434)

Con el óleo transforma la pintura

y crea un estilo, el Renacimiento,

que descubre un moderno firmamento

de color y de luz sin desmesura.

 

Dos figuras de noble austeridad

resaltan la fuerza de un simbolismo

sugerente, de fino esteticismo,

en un ambiente de solemnidad.

 

Un retrato doble del matrimonio

Arnolfini y un canto a la burguesía,

con Van Eyck (fuit hic) dando testimonio,

 

y una escena donde la alegoría

reviste su sereno hieratismo

con elegancia y bello preciosismo.

 

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