Mi felicitación navideña

¡Cómo pasa el tiempo!, aunque suene a tópico, incluso en tiempos de pandemia programada, jaleada y orquestada por muchos, con el fin de no dejarnos vivir tranquilos ni un solo momento del año.
Mas, es bueno, parar un poco el trepidante y fugitivo momento en que vivimos y recapacitar sobre todo lo bueno y sensato que hemos hecho y nos ha ocurrido (que seguro es mucho) durante este largo y ajetreado año; para así darnos cuenta de ello y proporcionarnos la autosatisfacción de sentir que estamos vivos (¡los que lo estamos; ojalá que por mucho tiempo…!); a pesar de que las Navidades -cada vez más- nos las estén presentando vacías de contenido y valores, aunque llenas de fanfarria y luminosidad ficticia.
Por eso, creo que es el momento de felicitarte sinceramente entrañable familiar, caro amigo, fiel compañero (especialmente safista) y/o lector de los escritos que voy publicando periódicamente en distintos medios; pues a pesar de todo (te recuerdo) la existencia personal merece la pena vivirla plenamente, con esperanza y optimismo; siendo ya hora de anunciar (y recordar) que una estrella se nos va a mostrar pronto en nuestro cielo particular y social para decirnos que Dios ha nacido pobre, un año más, pero digno, en el Portal de Belén, para reblandecernos el corazón y anunciarnos el mensaje de paz y amor que tanto necesitamos los humanos; aunque a todos los que tenemos cerca hijos, sobrinos y/o nietos nos sea todavía más fácil identificarlo, por su contigüidad y semejanza, con el mensaje diario que nos están dando, ya que nos transmiten siempre un amor puro y sin ambages, con esa inocencia libre del mercantilismo que nos acecha por doquier.


Os deseo, por tanto, a todos vosotros, que este año tengáis unas Navidades dichosas y sencillas, estéis juntos o revueltos, profeséis la ideología o religión que os plazca…, para que el año 2022 os sea propicio en la salud, el trabajo y el amor. ¡Que no os falte nunca esta tríada de ases/comodines que siempre hacen la vida más agradable, emotiva y llevadera, alejando un tanto la idea de que vivimos en un “valle de lágrimas” cuando miramos a nuestro alrededor más próximo o lejano! Y que este espíritu navideño bonachón os dure durante todo el año que viene…
¡Recibid un abrazo, muy fuerte, de mi parte, en la seguridad de que siempre os tendré presentes en mis oraciones y recuerdos; y que nunca os olvidaré mientras mi memoria funcione, os lo prometo!
Sevilla, 12 de diciembre de 2021.
Fernando Sánchez Resa

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