Recordando a las madres. Por: Alfonso Ros López


Recordando a las Madres
Permitirme que empiece haciendo una confesión. Una confesión muy personal. Íntima.
Yo, hacia mi madre sentía un gran cariño. Profundo amor. Como todos vosotros hacia las vuestras.
Hace muchísimos años que murió. Desde entonces, y con mucha frecuencia, me reprocho no haber sido más cariñoso con ella. No es que haya sido mal hijo, sinceramente creo no haberlo sido. Me reprocho el no haberle demostrado ese cariño con más asiduidad, hasta provocar que ella misma me hubiera llamado la atención y me dijera:
-“¡Ya vale pesado! ¡Estate quieto! ¡No seas tan besucón!” Continuar leyendo «Recordando a las madres. Por: Alfonso Ros López»

A la memoria de Pepe Moreno Cortés.


Antonio Lara Pozuelo
A LA MEMORIA DE
PEPE MORENO CORTES
Aguarda un poco, hermano caminante,
y contempla esta lápida un momento:
Ella es sede, descanso y monumento
de un ser excepcional que, en un instante,
dolorido, rotundo, trepidante,
—como fustiga a la arboleda el viento—
la vida abandonó sin un lamento
y la muerte abrazó como a una amante.
Recuerda, peregrino, su mirada
y admirable sonrisa: fiel testigo
de un corazón sin par, firme y señero.
Llórale cuando acabes tu jornada
porque ha sido tu amable compañero
y fue, sencillamente, nuestro amigo.

RAMÓN MOLINA NAVARRETE. Encuentro Antiguos Alumnos SAFA, 2014

ENCUENTRO ANTIGUOS ALUMNOS SAFA, 2014

RAMÓN MOLINA NAVARRETE
Salón de Actos, Safa
ÚBEDA, 10 de mayo de 2014
Nada más nacer y ya somos antiguos alumnos de la vida, pero al mismo tiempo somos maestros de nosotros mismos y estudiantes en la universidad del resto de los años que nos quedan por vivir.
Pero por encima de todo, somos aprendices de un oficio que se llama existir y en el que sólo nos gradúan en el instante de la muerte. Un oficio que por más que estudiemos, nos esforcemos, pasemos noches enteras en vela, mañanas de sacrificio y tardes de renuncias, jamás llegamos a aprender, porque son tantas las asignaturas que lo forman, tantos los exámenes, controles, pruebas, tantos los retrasos y tantos los altibajos…, que una y otra vez suspendemos, y una y otra vez hemos de repetir curso, cada año, cada mes, cada instante, cada siempre.

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ASAMBLEA GENERAL DE ANTIGUOS ALUMNOS DE TODOS LOS CENTROS DE LAS ESCUELAS PROFESIONALES DE LA SAGRADA FAMILIA. ÚBEDA, 11/05/2013.


Bernardo López Aparicio
Queridos antiguos alumnos de todos los centros, de todos los niveles y de todos los tiempos de las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia.
Querida familia. Queridos compañeros. Queridos todos.
Gracias por invitarme a participar en esta vuestra magna primera asamblea.
No sé, si sabré expresar la emoción y la alegría que siento, ni las ideas que quisiera deciros en este maravilloso encuentro.
Desearía que mis palabras recogieran también los sentimientos y pensamientos de todos mis compañeros docentes y no docentes y que cualquiera de ellos, lo haría mejor que yo.
La providencia divina me dio a conocer esta gran obra de educación de amor, como dice José López Lizcano, antiguo alumno número uno de la SAFA. Fundación adelantada y destacada social y pedagógicamente.
Tuve la dicha, allá por el 51, de ser admitido por el Padre Villoslada- el fundador – para trabajar aquí en Úbeda.
Todos, personal docente y también no docente fuimos llamados a sembrar y sembramos (con aciertos unas veces, con errores y faltas otras, de lo que yo os pido comprensión y perdón).

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Antonio Lara Pozuelo
Ayer al anochecer, cuando estábamos reunidos en la Plaza de Andalucía en un interminable regalo de saludos y abrazos, me vinieron a la mente algunas nostálgicas letras de los tangos de Carlos Gardel, como por ejemplo aquella que empieza así: “(Adiós) Hola muchachos compañeros de mi vida / barra querida de aquellos tiempos… // Acuden a mi mente / recuerdos de otros tiempos / de los buenos momentos / que antaño disfruté, etc.….
Pero enseguida se impuso, porque parecía estar más en concordancia con lo que estábamos viviendo, la letra de aquel otro tango que da nombre a la excelente película de Almodóvar, titulada ‘Volver’:
“Volver / con la frente marchita, / las nieves del tiempo / platearon mi sien. / Sentir / que es un soplo la vida; / que (20) 50 años no es nada / que febril la mirada / errante en las sombras / te busca y te nombra… / Vivir / con el alma aferrada / a un dulce recuerdo / que lloro otra vez./ […]. Y aunque el olvido / que todo destruye / haya borrado mi vieja ilusión, / guardo escondida / una esperanza humilde / que es toda la fortuna / de mi corazón. / Volver…
Buenos días a todos ustedes, señoras y señores, buenos días a todo vosotros, queridos amigos y compañeros. Tras este pequeño y nostálgico preámbulo quisiera deciros que la fiesta y celebración a la que hoy asistimos es mucho más que una mera reunión de antiguos amigos y compañeros que convivieron aquí en este recinto de la Safa durante la segunda mitad del siglo XX. Este sábado 11 de mayo de 2013 será un día grande e inolvidable para nosotros porque en él van o concurrir dos acontecimientos que hasta ahora no se habían producido en la larga e ilustre historia de la Safa.
En primer lugar, estamos participando y contribuyendo al Acto Fundacional del Día del Antiguo Alumno de la Safa.
Y en segundo lugar, y para satisfacción y regocijo de todos, hoy asistimos a la unión de dos grupos de ex alumnos safistas que hasta ahora habían vivido disociados y que se observaban con el rabillo del ojo a pesar de que su procedencia, raíz y manero eran los mismos: ser hijos del pueblo andaluz de la postguerra. Dos grupos que, expresados mediante un vocabulario más o menos bromista que aún pervive, eran como dos tribus rivales:
—Una era la de los Comanches-Profesionales. Tribu que agrupaba a aquellos aguerridos y belicosos combatientes de artefactos, máquinas y alambiques. Eran muchachos de un ingenio robusto e inexpugnable frente al reto de las ciencias prácticas
—La otra tribu era la de los rostropálidos de Magisterio. Un grupo de estudiantes descoloridos y blanquecinos, casi cadavéricos, a fuerza de luchar con libros hasta altas horas de la noche. Ellos vestían pantalón y camisa, empobrecidos pero dignos. Sabían de grandes filósofos, de historiadores y geógrafos, de gramáticos y literatos. Pero se morían de frío en la mítica Siberia porque no atinaban a hacer funcionar un elemental calefactor.
Los otros, los Comanches, vestían mono azul o bata blanca de operario; aprendían a poner en marcha un motor, una turbina y, naturalmente, conocían el elemental ajuste de una estufilla hecha con una caja de madera y una febril resistencia eléctrica.
Los de Magisterio terminaron sus estudios siendo graduados de la ciencia erudita.
Los Profesionales acabaron su formación siendo oficiales y maestros de la ciencia técnica.
Pero allá por las décadas de los años 50/60, a ambos grupos nos unían el deporte y los sabañones en invierno; nos unían las obligadas celebraciones de la misa diaria y del rosario de la aurora en primavera; nos aunaban la alegría de las raras excursiones y la perspectiva de un ‘pelar la pava’ dominguero; nos unían la nostalgia de la familia y el regalo de las vacaciones veraniegas…
Y a veces también nos unió (porqué no decirlo), si no el hambre, por lo menos las persistentes ganas de comer.
Y a lo largo de los años, casi sin darnos cuenta, unos y otros fuimos mezclando los amigos del pueblo con los compañeros de la Safa. Y en cierto sentido también nuestra familia se fue prolongando en la familia de la Safa.
Y cuando a unos y a otros nos llegó la hora de volar y hacer frente a aquella realidad que se perfilaba del otro lado del recinto, unos y otros supimos sacar fuerzas de lo aprendido en la Safa.
Y si hoy estamos aquí, en Úbeda, en la Sagrada Familia de Úbeda, tan diferente ya pero tan reconocible y nuestra, es porque en este atardecer de nuestra vida tenemos la sensación de haber retornado al sitio que durante un muchos años fue nuestro hogar; como también tenemos la corazonada de que hemos regresado a la fuente donde perviven y afloran de pronto recuerdos y emociones de nuestra adolescencia y juventud: las dos etapas más entusiastas de nuestra existencia.
Hoy, queridos amigos y compañeros, nuestra piel ya se ha arrugado, nuestros ojos ya no ven claramente en la distancia, nuestra mente flaquea y nuestro caminar está acercándose a la meta. Es cierto. Pero el corazón nos dice que aquella capacidad de entusiasmo y aquella nuestra juvenil inclinación a la alegría siguen vibrando cabales e indemnes. La mejor prueba de ello es que estamos aquí porque tenemos el empuje, la ilusión y la confianza de que estamos construyendo un día grande: El Día del Antiguo Alumno de la Safa sin distinción de categorías ni denominaciones.
Enhorabuena a todos. Y para terminar, quisiera expresar un amistoso y fraternal recuerdo a aquellos compañeros que no han podido venir, y sobre todo, a la memoria de aquellos que se nos fueron para siempre.
Muchas gracias.