Obituario. MANUEL MARTÍNEZ MOLINA

Manuel Martínez Molina, un hombre bueno y generoso

No he escrito nunca un obituario. Hace unas horas me han dado una noticia de las que te marcan el alma y la memoria para siempre: “Manolo Martínez Molina ha fallecido esta mañana”. No puede ser, es la respuesta que brota de inmediato en mi interior. Pero, si habíamos hablado por teléfono hace pocas semanas; si estaba bien; si hace poco más de dos meses había superado con una entereza y un estoicismo dignos de admiración la tortura interminable de un herpes zoster; pero, si estaba lleno de vida; pero, si… No había escrito nunca antes un obituario y aquí estoy tratando de dar el último adiós a un hombre bueno, a un ser humano de una generosidad y lealtad sin límites, a un entrañable y cariñoso amigo.

En El libro de los réquiems, Mauricio Wiesenthal cuenta que en el cementerio protestante de Capri hay una tumba con estas palabras de Giuseppe Mazzini: “No existe la muerte, sólo existe el olvido”. Una frase rotunda que encierra una gran verdad: el final de nuestra existencia no lo certifica la muerte, sino el olvido. Nuestra existencia, no biológica sino biográfica, acaba definitivamente cuando el olvido borra hasta el más mínimo rastro de lo que fuimos. Y a la inversa, nuestra existencia depende de la memoria de los demás. De ahí que la memoria se convierta en un problema moral para los vivos, que adquieren la responsabilidad de hacer que sigan existiendo aquéllos que ya muertos consideran que deben sobrevivir.

En sus últimos años, Borges escribió un soneto (“Ya somos el olvido”) cuyo primer verso es brutal, tremendo, como un disparo en el centro de tu conciencia: “Ya somos el olvido que seremos”. Todos estamos condenados a ser olvido y polvo, sí; pero la memoria puede neutralizar ese olvido. Nuestra memoria, como personas generosas y agradecidas, tiene la potestad y el deber de convertir en inmortales a sus seres queridos.

Amigo Manolo, nunca te olvidaremos.

Ha fallecido Ignacio Salas Fernández.


Ignacio Salas Fernández llegó a la SAFA de Úbeda, procedente de Riotinto, en el año 1965 para continuar sus estudios en 2º de Preaprendizaje.
Lo recuerdo muy bien, fuimos compañeros de pupitre en su primer año en la SAFA. Una persona siempre alegre, participativa y excelente compañero.
Volvimos a verlo en el año 2006 con motivo de la «foto universal», no dudó un momento en volver a su escuela, sin olvidarse de su alegría natural.
Un fuerte y sentido abrazo para Paqui, su mujer, que ha estado cuidándolo los últimos 8 años que ha durado su enfermedad.
Siento que se ha ido una gran persona y un excelente amigo. D.E.P.

D. Francisco Herrera Navarro. In Memoriam

Me temo que mis palabras van a ser muy pobres para describir la grandeza de un amigo.
El pasado día 11 de Marzo, casi sin avisar, se nos fue para siempre Paco Herrera.
D. Francisco Herrera Navarro, maestro SaFa de la promoción 1964.
Hombre sencillo, humilde, trabajador incansable, amantísimo padre y fiel esposo, todo un carácter, ante quien había que rendirse por admiración.
Rendía pleitesía a la amistad, sentía devoción por sus amigos, a quienes quería como hermanos, entre los cuales he tenido la gran suerte de encontrarme.
Los que quedamos aquí te hemos llorado, pero también hemos sonreído recordando tu singular ingenio. Nunca te olvidaremos Paco Herrera.
Adiós querido amigo, tú que eras hombre de Fe, seguro que estás en un lugar de privilegio con el Padre Celestial. Descansa en Paz.
Manolo Ballesta Maqueda
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Nos ha dejado María Teresa Ortiz, una de las voces más conocidas de "La Loma"

Nos ha dejado María Teresa Ortiz, una de las voces más conocidas de «La Loma». Mi pésame para familiares y amigos. Se nos ha ido una estupenda reportera y una mejor persona D.E.P.

ADIÓS PEDRO:

Te marchaste sigilosamente, sin hacer ruido. Silenciosamente para no molestar, o será que no querías darnos el disgusto de que te estabas apagando lentamente como el cigarrillo que se va consumiendo poco a poco, y que tú tanto anhelabas.
No permitiste que te dijera adiós y el 2 de mayo te fuiste como el agua del río que llega al mar; esa que ya no vuelve para atrás. Tú tampoco volverás. Te has ido para siempre.
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