Merecido monumento

Próximo al ciento diez aniversario del nacimiento de Manuel Fuentes Garayalde, la ciudad que le vio nacer va a erigirle un merecido monumento, puesto que no había nada que nos lo recordase. Gracias a destacados y memoriosos ubetenses que están moviendo los hilos para que esta falta tan imperdonable se subsane, se están recogiendo firmas y adhesiones para que esta grave ausencia se resuelva con el fin de que todo ubetense o foráneo que pasee por sus calles quede enterado de este fervoroso cofrade de la de hermandad de Nuestro Señor en la Columna y María Santísima de la Caridad, que tanto se desvivió por sus semejantes, tenga, por fin, huella tangible en la Ciudad de los Cerros, a la que tanto amaba y por la que tanto se desvivió. Será posible gracias al busto que le hizo un antiguo compañero de la hoy Casa de las Torres, antaño Escuela de Artes y Oficios, cuando don Manuel estaba de director, para que su viva imagen quede plasmada para siempre.

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Vicisitudes de la vejez, 30

Mis recuerdos mariposean ahora por tiempos pretéritos en los que la calor, durante aquellos tórridos veranos, era moneda de curso legal en nuestra Úbeda y cómo mi marido y hasta mis hijos o nietos les encantaba ir a las eras para aventar el grano en cuanto había un poco de viento y después machacar la paja para sacarle el trigo… ¡Qué tiempos aquellos en que todo era salud, ilusión y alegría mientras que el cansancio y/o tedio no aparecían por ningún sitio!
También recuerdo cuando la plaza de abastos de nuestra ciudad (que hoy se encuentra tan desangelada con demasiados puestos cerrados y en fase de arreglo o nuevo acomodo) estaba plena de puestos de venta, tanto en el interior como el exterior, circunvalándola; y cómo en la parte de abajo vendían los hortelanos autóctonos sus mimados productos de las huertas, fresquísimos, sabrosos y plenamente ecológicos, por cierto; y hasta se vendían animales vivos (gallinas, conejos…) por particulares que los criaban en su propia cuadra o corral, para comerlos, tras su sacrificio en casa, cuando todavía no había llegado tanto tiquismiquis de inspecciones sanitarias o veterinarias…

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“Los intocables”

Hoy quiero referirme a unos seres humanos especiales y únicos que pueblan cualquier sociedad, profesión, época, lugar, edad o condición y que siempre han existido al igual que el enchufismo, la sinvergonzonería o la pobreza. Yo los llamo “los intocables” porque nadie es capaz de amonestarlos o pararles los pies en sus comportamientos fuera de lugar y forma, ya que están poseídos de un don negativo (el de la cara dura) para el resto de los mortales, pero muy positivo para ellos.

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Una interesante vida novelada

Lo he escrito y dicho en más de una ocasión «cada persona es protagonista indiscutible, a lo largo de su corta o larga vida, de una historia más o menos interesante, sorprendente y entretenida, dependiendo -entre otros factores- de la pluma que la escriba; sobre todo, si sabe conjugar verdad con ficción, en proporciones adecuadas, para que salga una novela de corte moderno en la que el autor, protagonista o narrador quede bien retratado».
Viene esto a cuento porque acabo de leer pausada, pero ininterrumpidamente, la novela Las tres moradas de Antonio Lara Pozuelo, primer catedrático de literatura española en la Universidad de Lausanne (Suiza).

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Pensamiento único

Estrenamos un nuevo año, aunque seguimos con las no tan novedosas ideas y/o costumbres que nos están imponiendo a marchas forzadas de un tiempo a esta parte. Todo es empoderamiento del nuevo-viejo poder disfrazado que, con sus múltiples tentáculos, nos abraza, asfixia y domina por todos lados.
Somos pequeños y obedientes peones de una súper estructura, no tan secreta, que intuimos y comprobamos cómo cada día nos envuelve y atenaza más «cariñosamente»…

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Otra Navidad…

Pasó el tiempo de estas fechas tan entrañables en las que mucha gente estaba en armonía con su entorno y gozaba del hecho de vivir cual si fuese un sueño feliz hecho realidad; mas resulta que estas fiestas nos las han vuelto como un calcetín y ya no son más que momentos fugaces de consumo feroz y egoísmo exacerbado, envueltos en falso papel de regalo. Nos han cambiado el ser y estar por el tener y poseer, cuanto más mejor, para que la ganancia de unos pocos fluya para siempre.

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